LA BALADA DE NARAYAMA ("Narayama Bushi-Ko", Shoei Imamura, 1983).
En el pueblo es una ley antigua que la gente debe cumplir: al alcanzar los setenta años, los ancianos deben partir hacia la cima del Narayama, donde esperarán la llegada de la muerte. Orin tiene sesenta y nueve años, es la cabeza real de la familia, y desea ardientemente que llegue ese momento. Pero antes debe encontrar una mujer para su hijo viudo que lleve las riendas del hogar. Su hijo no espera con impaciencia el día del viaje, puesto que él, como primogénito, debe llevar allí a su madre y abandonarla para que muera.
Soberbia y premiada película de Shoei Inamura donde se nos narra la vida en una comunidad cerrada ubicada en una región inhóspita. Un viaje al "Japón profundo" donde cada día se mide por el trabajo y las comidas y el único futuro es la supervivencia. En la historia aparecerán divesos temas no aptos para corazones sensibles: asesinato, zoofilia, infanticidio, parricidio, linchamiento y gerontocidio, siendo este socialmente aceptado, ritualizado e integrado el el código social. En todo momento aparece la naturaleza: vegetación exuberante, nieve, fértil barro, diveroso animales... pero no ahy confrontación con ella, ni truculencia en lo que narra. Allí en la falda del Narayama en hombre es una especie más, y el espectador se limita a seguir los avatares de esta manada en la que los sentimientos debem ceder ante el bien común. No en todo lugar está presente la naturaleza, a medida que se asciende al Narayama el paisaje es cada vez más árido, desnudo y escarpado, hasta llegar al lugar sagrado: un osario donde sólo los cuervos esperan pacientemente la legada de su amo y señor: la muerte. Allí es donde Orin permanece rezando, cumplido su máxima creencia religiosa. No es de extrañar que cuando su hijo de gire parezca una aparición más que un ser vivo. Aunque todavía viva, ya no pertenece a este mundo, sino al del paisaje áspero y los cuervos.
AMANECE QUE NO ES POCO ("Amanece que no es poco", José Luis Cuerda, 1988).
Es complicado hacer una reseña corta sobre esta película, una comedia coral rodada en los parajes de la Sierra del Segura, con la idiosincrasia particular de los habitantes y paisajes manchegos, que podría haber salido perfectamente de laq cabeza de Valle-Inclán. Convertida en auténtica obra de culto, las tribulaciones de Antonio Resines por los actos de Luis Ciges, a su vez embarcado en la empresa de un viaje a Francia que lo lleva a recalar en el pueblo gobernado por Rafael Alonso, donde las mujeres cultivan a sus novios en las huertas, un suicida no puede cumplir su propósito vital o se elige en elecciones a todos los cargos de la localidad harán que el espectador no se levante la silla, hasta ese magnífico final con el jefe de la guardia civil. Frases e interpretaciones chocantes y brillantes. Altamente recomendable.
SÉ INFIEL Y NO MIRES CON QUIÉN ("Sé infiel y no mires con quién", Fernando Trueba, 1985).
Dos editores de libros en apuros, un contrato que salvaría la papeleta, una esposa infiel, otra honesta pero de la que su marido sospecha, una secretaria abandonada y un amigo pagafantas que quiere cambiar de status. Esos son los ingredientes de esta comedia de Trueba, que respira cierta elegancia con un ojo puesto en los vodeviles de Lubitsch y que constituye de lo más aceptable dentro de la carrera de su director, que posteriormente discurriría por otros vericuetos. Aunque los momentos cómicos son para Resines (destacando la persecución de la carta), la que destaca en el plano interpretativo es Ana Belén.
THE BOX ("The Box", Richard Kelly, 2009).
James "Cíclope" Marsden y Cameron "mechoncitos" Diaz son un simpático matrimonio (bueno, no tanto): los Lewis. El señor Lewis trabaja en la NASA y aspira a conseguir entrar en una misión espacial. La señora Lewis es profesora en un colegio exclusivo con un secreto que la ha hecho sufrir. Pero su vida superguay comienza a torcerse, y con los apuros económicos viene una inesperada solución. El misterioso Arlington Steward (hipnótico Frank Langella) llama a su puerta y les hace una oferta: una caja que consta de un botón. Si accionan el mismo, una persona que no conocen morirá, y a cambio recibirán una sustanciosa cantidad de dinero y no volverán a verlo. La decisión tomada y sus indagaciones en las implicaciones de la misma colocarán al matrimonio en una cada vez más difícil situación.
Tras ver la simpática "Donnie Darko" (ídem, Richard Kelly, 2001), no podía evitar ir al cine a ver su nuevo artefacto de cine fantástico. Y eso es lo que uno ve, un artefacto. Los hechos se suceden, parece haber conexiones, se bosqueja una pauta, hay alguna de esas paradojas y rupturas de las leyes físicas a los que se conoce que el director es aficionado, tenemos un personaje misterioso y carismático aquí encarnado por Langella... y cuando uno sale del cine tiene la sensación de que se ha pasado un rato con un relato en el que no le han contado nada.
LA ISLA MISTERIOSA ("La isla misteriosa", Juan Antonio Bardem y Henri Colpi, 1973).

Cinco individuos viajan en un globo en medio de una terrible tormenta sobre el océano, perdiendo altura. Ése es el punto de partida de esta coproducción entre España, Francia, Italia y... Camerún que adapta de forma razonablemente fiel la novela de Julio Verne. Y así, mientras vivimos la angustia de esa situación, se intercalan los flashbacks de cómo llegaron los distintos personajes a esa sitación, puesto que son camaradas casuales unidos en esa prueba por la supervivencia. Tras una ajustada llegada a tierra firme, comenzará la sucesión de unos extraños sucesos... Y ahí acaba lo interesante del argumento, el buen pulso de la acción y lo simpático de diálogos, interpretaciones y efectos (que nunca llegan a alcanzar la brillantez). Progresivamente se sumarán una serie de elementos acumulativos que comienzan a dispersar la historia y a resolverla de forma atropellada y en ocasiones poco brillante e insulsa, como es la tripulación de Nemo o el origen de éste, el destino de la isla o el fin del pirata. Porque si comienzan a mezclarse el rescate de un náufrago con su propia historia, un mono simpático y un malvado barco de piratas la cosa no puede menos que hacernos enarcar una ceja. Eso como mínimo.
Para el recuerdo quedarán pinceladas como cuando Bonaventure Pencroft (Jess Hahn) se dispone a matar a un soldado, y ante la súplica de su pequeño protegido de que no lo haga, responde sin mirarle que no hay remedio, el revuelo que se forma en el campamento sudista cuando descubren un perro (el primero que ven en días) y el tumulto para atraparlo para comérselo, la primera aparición de los hombres de Nemo (Omar Shariff), con esos fabulosos trajes como tritones entre la oscuridad de las aguas o la mirada magnética de Nemo cuando observa a sus inesperados huéspedes (interpretación que tira por la borda en la segunda mitad con su pose de, digamos, "sufrimiento trágico"). Mi recomendación es que si quereis pasar un buen rato, la veais hasta que encuentran el mensaje en la botella. Así tendréis un buen recuerdo y tiempo para tomar un café a la salud del capitán.
SCOOBY-DOO Y EL MONSTRUO DE MÉJICO ("Scooby-Doo! and the Monster of Mexico",Scott Jeralds, 2003).
Todo aquel que haya crecido en los ochenta y haya sobrevivido (http://www.youtube.com/watch?v=sTZMHhHMgAc) recordará los dibujos de Hanna-Barbera acerca del perro Scooby-Doo y sus amigos Shaggy, Fred, Daphne y Velma, que resolvían misterios allá donde su furgoneta "La máquina del misterio" les llevaba ("Scooby-Doo, Where Are You!", 1969-1970). Tras diversas encarnaciones en las que no siempre se mantuvo la alineación original, tal vez por la influencia de la versión cinematográfica estrenada en 2002, se produjo un regreso a los orígenes de la fórmula con "What´s New, Scooby-Doo?" (2002-2006). Y es en este contexto donde se encuadra esta película de estreno directo en DVD.
Fred es invitado por un amigo a Méjico, y como no podía ser de otra forma se lleva a toda la pandilla allá, sólo para encontrarse a una población enfrascada en la celebración de Difuntos y bajo la amenaza del Chupacabras (que, como dicen "El Chupacabras es el Bigfoot mejicano"). Scooby y sus amigos resolverán el misterio como los jóvenes entrometidos que son, a pesar de los intentos por eliminarles. En ese sentido es antológica (el mejor chascarrillo del film) cuando una vez que el chamán del pueblo les informa de la situación, les suelta "¿les he dicho ya que se encuentran en un terrible peligro?" "No" "Ah, bien. ¡Corren un grave peligro!". Pues eso.
LA HISTORIA INTERMINABLE ("Die unendliche Geschichte", Wolfgang Petersen, 1984).
El inefable Wolfgang Petersen firma este truño que recordaba mejor de mi infancia. Es lo bueno de las malas experiencias infantiles, que la mente se cicatriza y se olvida el trago. Bastian (Barret Oliver) es un niño puteado y casi huérfano que vive una fantástica aventura a través de un libro especial siguiendo la misión del joven Atreyu (Noah Hathaway) de salvar el mundo de Fantasía de la Nada. Es curioso ver cómo esta oda a la imaginación se convierte en un bodrio ñoño mal narrado y peor resuelto que sólo hará las delicias de los niños que disfruten con los teletubbies. Que la deidad de cada cual le guarde de las secuelas...
EL REY PASMADO ("El rey pasmado", Imanol Uribe, 1991).

Como recordatorio de la mala imagen del cine español, "El rey pasmado" no tiene precio. Ni su coartada literaria la salva. La historia se abre con el hallazgo de un cutre efecto alucinatorio ¿erótico/alcohólico? que desencadena la suspicacia de la Inquisición. El rey Gabino Diego (que se pasa toda la película con cara de imbécil en lo que constituye una de sus máximas proezas dramáticas digna de las grandes glorias del Actor´s Studio se ha ido de putas con su amiguete Eusebio Poncela. Y aunque no ha causado una impresión en Laura del Sol semejante a la de Poncela en María Barranco, la trabajadora del sector servicios sí ha impresionado al monarca, que se encapricha con la idea de ver a su mujer desnuda. Cosa que al ambicioso y fanático Juan Diego le parece herético. Se inicia así dos bandos conspiradores: los que desean impedir el deseo real, y los que desean favorecerlo. Horrible película tontamente desarrollada, con algún momento sonrojante y con una canción cansina. De los actores no se salva ni uno. Mención especial para Juan Diego que no vocaliza ni a tiros y a un particularmente patético Javier Gurruchaga, que cuando se encuentre con el conde duque en el Infierno le dará lo que se merece.